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Tantas veces como reclamamos justicia y reinvindicamos nuestros derechos, tambien Dios tiene sus derechos que son deberes para con nosotros. Fue Jesucristo quien nos dijo: Dad a Dios lo que es de Dios, y al Cesar lo que es del Cesar. Pues tomemos nota y cumplamos lo que a Dios le corresponde que le demos: AMOR, ADORACIÓN, GRATITUD Y REPARACIÓN.



26 de febrero de 2012

TESTIMONIO DEL SAGRADO CORAZÓN

Me llamo Ismael, hace bastante tiempo tuve que hacer un viaje a una ciudad no muy lejos de mi pueblo. Me dije a mi mismo que si tenía tiempo iría a confesar puesto que en mi pueblo no tenía la misma oportunidad que en  la capital. Llegué a la capital hice las gestiones que tenia que hacer y decidí antes de regresar ir a confesarme.

Al girar el coche en la carretera y por una mala maniobra de mi parte, se me quedó el mismo colgado de un pequeño terraplén, hasta el punto, que no sabía como salir de esa situación, pues si le daba para atrás era peligroso y si le daba para adelante podía caerme por el terraplén.

No me preocupaba tanto la situación del coche, como la pena que me producía ver que no iba a poder confesar debido a que tenia que llamar una grúa y esperarme a que viniera para sacar el coche del sitio en que se había quedado colgado.

Cuando iba a llamar una grúa un señor que estaba por allí y que vio en el apuro en que me encontraba me indicó la forma de como podía sacar el coche del terraplén sin necesidad de llamar una grúa,  mas aún, él mismo lo hizo con tanta destreza que me dejó perplejo.

Sacó el coche del terraplén sin necesidad de  grúa y a pesar de todo lo que había sucedido aún tenía tiempo para ir a confesarme, cosa que hice provechosamente.Una vez más  el Sagrado Corazón de Jesús al que siempre acudo en mis problemas, me sacó de esa situación, valiéndose de aquel señor que  me prestó su ayuda ¿o era un Ángel? Espero que esta anécdota sirva a otras personas para acudir al Sagrado Corazón de Jesús en cualquier apuro.  Ismael López


SOY LA SAMARITANA, QUIEN OS HABLA

Hijos de Dios, soy la samaritana, una hermana vuestra que ya goza en el Cielo de la bienaventuranza eterna y, me dirijo a vosotros hermanos que aun estáis de paso por la vida, para deciros que no malogréis por nada del mundo la salvación eterna del alma, porque no podéis ni imaginar lo que Dios os tiene reservado. La samaritana, os habla.

Conocí al Redentor cuando me salió al encuentro en el pozo de Jacob, y allí El me miró con misericordia y con tanto amor, que yo nunca en mi vida había sentido una mirada igual. El me habló del Agua Viva que podía darme para nunca (más) tener sed, y aunque en ese momento no entendí muy bien lo que me quería decir, luego más adelante comprendí que lo que me ofrecía era un agua de Vida Eterna y un gozo que el mundo no me podía dar.

Yo que siempre busqué amores en la Tierra para saciar mi corazón de esas ansias de amar, me salió al encuentro el Amor de los amores y desde aquel momento mi vida cambió totalmente y la de muchos de los de mi entorno, porque creyeron en lo que les conté y se reconvirtieron a una vida de disciplina y oración. Yo, la samaritana, os hablo.

Ahora estoy en el Cielo junto con aquellos mis contemporáneos que también fueron salvados por el Redentor con una mirada dulce y bondadosa, como María Magdalena, Lázaro, el buen ladrón y otros muchos que no se describen en los Evangelios, pero fueron muchos contemporáneos míos que encontraron a Jesús y lo siguieron ya de por vida, y se identificaron con El a pesar de que a muchos les costó el martirio. Soy la samaritana, quien os habla.

Quien encuentra a Jesús y descubre Su bondad y misericordia le cambia la vida, y yo os digo y os pido, que debéis proclamarlo y darlo a conocer, para que otras almas también lo encuentren y se beneficien de un Dios como el Nuestro que es todo amor y bondad. Hijos de Dios, soy la samaritana quien os habla e intercedo por vosotros. Alabada sea la Santísima Trinidad y la Santísima Virgen María.