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Tantas veces como reclamamos justicia y reinvindicamos nuestros derechos, tambien Dios tiene sus derechos que son deberes para con nosotros. Fue Jesucristo quien nos dijo: Dad a Dios lo que es de Dios, y al Cesar lo que es del Cesar. Pues tomemos nota y cumplamos lo que a Dios le corresponde que le demos: AMOR, ADORACIÓN, GRATITUD Y REPARACIÓN.



8 de marzo de 2015

ME ES DE MUCHO AGRADO QUIEN ME ALABA EN SUS QUEHACERES COTIDIANOS JUNTO A LOS COROS ANGÉLICOS



Santo, Santo, Santo, es el Señor Dios de los Ejércitos. Yo, Jesús, os hablo.

Hijos Míos, Me es de mucho agrado quien a menudo Me alaba en sus quehaceres cotidianos y junto con los coros angélicos Me llama tres veces Santo. Yo, Jesús, os hablo.

Cuando alguien se dirige a su Creador y Redentor para alabarlo de corazón, esa oración llega directamente al Cielo y se convierte en lluvia beneficiosa para las almas y para Mi Cuerpo Místico, porque todo el que alaba y reconoce a su Dios y sabe que El es grande, sabio y poderoso, y lo proclama, aunque sea en soledad, la oración llega al Cielo y todos los Ángeles y bienaventurados la oyen y la celebran, porque la misma, se une a sus alabanzas celestiales. Yo, Jesús, os hablo.

Así, Mi Santa Madre en su vida terrenal, alabó a Dios Altísimo desde su tierna infancia y continuamente. Todos los momentos de su existencia fueron para el Poderoso un sinfín de alabanzas y acciones de gracias, y la que aparentemente parecía su vida normal y sencilla sin acciones externas, su interior era un volcán de fuego amoroso hacia Dios  y sus contemporáneos, y su paso por la Tierra fue una abundancia de frutos y bendiciones para sus contemporáneos. Yo, Jesús, os hablo.

No todos están llamados a la vida de acción, aunque todos debéis ser apóstoles de una forma u otra. No todos podéis ser un San Francisco Javier, pero todos podéis imitar a Mi Santa Madre, e interiormente alabarme y glorificarme por todo los beneficios que os di y que os doy contantemente. Y si estáis en momentos de pruebas muy dolorosas, pensad que Mi Santo Espíritu trabaja en vuestras almas para quitar de las mismas los apegos y malos hábitos que tangáis, y transformarlos en gloria a Dios y frutos para las almas. Esto no lo veis, pero debéis de creerlo, porque los sufrimientos aceptados y ofrecidos de corazón, con fe y amor, son una fuente riquísima de gracias para las almas, no solo para las vuestras. Yo, Jesús, os hablo.

Paz a todo aquel que cree en este mensaje y lo pone en práctica.